Tú eres el tráfico

Hace unos años la compañía de GPS para automóviles Tomtom, creó una campaña muy provocadora: You are not stuck in traffic. You are traffic. Y poco después el sitio Cycle Chic lo retomó agregando la frase: «Get a bike, break free«. ¡Gran idea! Tenemos la costumbre de culpar a los demás, nunca nos vemos como causa o parte del problema: la paja en el ojo ajeno. Hace tiempo el sitio v(lo) | urbano realizó una brevísima encuesta entre conductores de coche estacionados, la pregunta era una sola: «¿Cómo acabar con el tráfico?», todos ellos coincidieron en solicitar vías más anchas, hacer nuevos ejes viales, construir segundos pisos en las vías primarias. Dos de los entrevistados recomendaron prohibir los coches viejos y el transporte de carga.  Lo notable es que las entrevistas ocurrieron mientras los automovilistas estaban estacionados en doble fila o sobre una ciclovía. Como bien señala el artículo en cuestión, ninguno se reconoció a si mismo como parte del problema, aún cuando afectaban la circulación para los demás.

El auto es el problema

El automovilista es un esclavo de la economía. Cada mañana que veo el enorme río, mejor dicho, estancamiento de lámina y acero con automovilistas atrapados en la avenida cercana a casa, no siento lástima por ellos, gastaron una fortuna en el vehículo, gastan una fortuna anual en su operación y mantenimiento. Cada mañana y tarde permanecen varados o circulando a una velocidad nimia para distancias pequeñas, muy lejos de las promesas de libertad, autonomía y rapidez que la industria automotriz ha proferido por años. Lo que me provocan es desprecio, porque tras la entelequia de un estatus, se vendieron, son esclavos de la industria y el estatus.

El automóvil, significa una serie de promesas falaces para los consumidores quienes a su vez significan una inmensa fortuna para armadoras y gobiernos. Por ello, las autoridades se empeñan en priorizar la obra pública para la circulación automotriz y consienten a las armadoras, pues existe un principio económico —Si la Renault estornuda, Francia se acatarra—, basado en su potencial de derrama económica, empleo, exportaciones, etc. que supone a la industria automotriz como una de las joyas de la corona, pero en realidad ésta es una industria depredadora de las economías. Además, el uso y propiedad del automóvil representa ingentes ingresos en impuestos, derechos, consumo de combustibles (Con sus impuestos), multas… Y paradójicamente, para los gobiernos de izquierda de la capital mexicana,  oportunidades capitalistas para crear concesiones y privatizar las vías, que en principio son un bien público, vaya.

El auto es una promesa de bienestar para el ciudadano, la zanahoria colgada delante del hocico. Es mejor tener a la gente entretenida en desear y poseer un BMW o un Porsche en lugar de aspirar a un mejor país, en despreciar al peatón en lugar de exigir un mejor gobierno.

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El automovilista es el culpable

Como miembro idiota de la élite automotriz, el individuo que se sube a conducir un auto, ve a todos los demás desde una perspectiva fascista. Se comporta como un mulo, un bruto. Si una persona va a cruzar una calle sin semáforo o en un tope, sólo uno de cada diez automovilistas le cederá el paso, los demás acelerarán como si no existiera el peatón o lo esquivarán como si fuera un obstáculo, con riesgo para la vida del peatón. El automovilista da la vuelta sin dejar de acelerar y sin reparar que que puede haber gente cruzando en la esquina de la vía a la que se incorpora, poniendo en grave riesgo a los peatones. El automovilista promedio se queja de que haya ciclistas en su camino —es un fascista y como fascista que es, desea el exterminio de todos los que no considera sus iguales—. El automovilista promedio se estaciona en zonas prohibidas, se detiene en doble fila, aparenta averías levantando el capó del coche, no le importa obstruir la circulación vehicular, no es capaz de estacionarse a 100 o 200 metros de su destino y llegar a él a pie. El automovilista promedio no usa sus direccionales. El automovilista promedio no respeta el derecho de nadie. Los conductores de transportes colectivos son unas bestias.

Para mi, la peor clase de ciudadano es un automovilista que ejerce el bulling contra el peatón o el ciclista, hoy se habla de bulling —el viejo abuso sobre el más débil—, pero nunca se le atribuye a quien lo ejerce metódicamente, el imbécil acomplejado que se pone detrás de un volante, cuya conducta es la de una mala persona, un cobarde, porque utiliza una armadura personal de acero de 1.5 toneladas en promedio para abusar y agredir a personas de menos de 100 kg de carne y hueso.

Atrapados en la contaminación

Hace décadas el gobierno de la capital mexicana expulsó a la industria pesada acusándola de ser la causa de los altos índices de contaminación. Con ello, muchísimas plazas laborales desaparecieron. Se suponía que la economía de la Ciudad de México se reconvertiría a una terciaria, de servicios. Lo que no dijeron es que del volumen total de contaminación, la industria significaba un porcentaje menor frente a la producida por los autos. Lo que no dijeron, es que una industria de servicios demandaría automóviles, lo que no dijeron, entonces y ahora, es que no han proporcionado un transporte público digno y eficiente, como para trasladar a la clase media propia del sector terciario.

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Vías estrechas

La Ciudad de México nació con calles estrechas, propias de carretas, que no son adecuadas para la circulación automotriz y alojar cajones de estacionamiento. Las calles de la capital rondan entre los 9 y 12 metros de ancho. No se tuvo la visión para contar con calles amplias, ganó la codicia para tener mayor área lotificable. Aunado a esto, la mayoría de las calles de esta ciudad no van a ninguna parte, se interrumpen precipitadamente creando un laberinto inmenso de callejones sin salida. Hay casos ejemplares como la Colonia del Valle en la que las calles desaparecen y vuelven a aparecer varias cuadras después porque fueron invadidas o lotificadas.

Ante la necesidad de contar con avenidas anchas y continuas que dieran fluidez al tránsito, a finales de los 1970 se crearon los ejes viales, pero en muchos casos, pasar un eje vial significó interrumpir el trazo de una calle secundaria, se me ocurren varias, pero tomo algunas en la Del Valle para ilustrar esta nota: Torres Adalid en el entronque con la ex-glorieta de Mariscal Sucre, Adolfo Prieto en su cruce con Xola. La falta de continuidad en estas vías crea cuellos de botella en principales que deben utilizarse en lugar de la vía secundaria. Miopía total en la planeación y ejecución.

Agréguese a esto la cantidad enorme de vías que no tienen espacio para el peatón, que ni siquiera cuentan con aceras: Reforma y Circuito Interior, La Herradura en varios tramos, sobre todo donde las residencias se apropiaron de la banqueta, Av. Javier Barros Sierra en Santa Fe —que para colmo hace homenaje a un ingeniero Civil y humanista—, agregue el lector las que sea menester.

Además, esta es una ciudad que ha olvidado completamente a sus habitantes de carne y hueso cada vez que se crean vías para llegar a zonas inaccesibles dada la orografía en la que, mal, se establecen nuevos desarrollos, se gastan carretadas de millones para transitar automóviles y nunca se hacen caminos para el peatón.

Mi mujer siempre opina que mientras le encanta caminar en cualquier ciudad Guanajuato, Taxco, Nueva York o París, le resulta imposible y desagradable en la que habitamos, Ciudad de México. Y me consta, París la recorrimos nevando de Sur a Norte y de Poniente a Oriente a pie, un sinnúmero de veces. A mi me frustra no poder salir caminando de Santa Fe al Poniente de mi ciudad, o recorrer la colonia Florida sin tener que descender al arroyo vehicular porque un rico sembró arbustos en la acera extendiendo criminalmente su propiedad e impidiendo que la gente camine junto a su barda.

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Ejercicio realizado en Riga (Letonia) con motivo del día mundial sin auto para demostrar cuánto espacio ocupan los vehículos automotores. Fuente: ciclosfera.com, ©delfi.lt

Para hacer el problema más agudo, en el caso del transporte en bicicleta, el gobierno y los pseudo-expertos que éste contrata, han decidido estrechar los carriles de las avenidas por debajo de las normas internacionales y la sensatez. Con ello no sólo hacen el tránsito más lento, también eliminan el espacio para circular en bicicleta con seguridad, compartiendo el carril, casos notorios son Av. Insurgentes centro y Sur y la recién remodelada Presidente Mazaryk, una de las obras emblema de la actual administración.

La bicicleta como panacea

(Excepto para las mayorías en la Ciudad de México)

Muchísimas ciudades alrededor del mundo están apostando por la bicicleta como transporte individual, hasta la meca del automóvil: Los Ángeles. Claro, son muchos los argumentos a favor: 1) La mayoría de los ciudadanos que se trasladan en coche lo hacen de manera individual. 2) La mayoría de los recorridos son menores a 10km, lo que representa 30 minutos a velocidad moderada de bici —Excepto en la Ciudad de México como veremos más adelante—. 3) Es un medio de transporte no contaminante. 4) Aporta beneficios a la salud y representa una de las alternativas para enfrentar la epidemia de diabetes y una de sus causas, el sobrepeso, que además causa otros males como los cardiovasculares, que en su conjunto representan un riesgo financiero para la salud pública. 5) El promedio de velocidad de los automóviles en las ciudades es de 20km/h, inferior al de las bicis y en la Ciudad de México el promedio de velocidad vehicular puede disminuir tanto como a 6Km/h dependiendo de la zona y la hora.

En muchas ocasiones yo mismo he partido en bicicleta simultáneamente a mi mujer en su coche con un mismo destino, en todas las oportunidades llegué mucho antes que ella, en distancias que van de 5 a 10 km. baste decir que el viernes previo, ¡le saqué una ventaja de 20 minutos en una distancia de 3km!. Para mi, lo peor de salir con mi mujer es la necesidad de ir en coche, me vuelve loco.

Llegar a Santa Fe, desde el Sur-Poniente de la capital vía Calle 9 y Vasco de Quiroga me lleva la mitad de tiempo que en transporte público y casi el mismo que en automóvil, sólo son 18 kilómetros para mi.

Desde el punto de vista del ciclista, además de las razones anteriores, se debe agregar: no se pierde tiempo en buscar estacionamiento, no se paga por parquímetro o lote de estacionamiento. Proporciona libertad, es divertido, es sociable, es mucho más económico que el auto, no sólo en el precio del vehículo y su depreciación, hay que agregar el costo anual por la operación del coche, que en México va de de $2,500USD al año por un auto mediano. Es decir, sólo los gastos de operar el coche un año equivalen al precio de una bici muy bien equipada de ruta o de montaña.

Sin embargo, para muchos ciclistas nóveles, persiste el temor a los automóviles y al tráfico, se le teme a los autos y piden infraestructura especial para circular en bicicleta. Lo notorio es que no exijan promover y, en su ausencia sancionar, una conducta civilizada entre los automovilistas, comenzando por respetar el derecho a circular por otros medios y el derecho a la vida que tiene todo ser humano.

 Un ciclista que transitaba sobre la ciclovía del Paseo de la Reforma, a la altura de la calle Amberes, arrolló y mató a un hombre de 65 años de edad que trababa de cruzar la calle

Un ciclista que transitaba sobre la ciclovía del Paseo de la Reforma, a la altura de la calle Amberes, arrolló y mató a un hombre de 65 años de edad que trababa de cruzar la calle. Fuente: http://letraroja.com.mx/

La Cd. de México es para las minorías

Los gobiernos de la mal llamada izquierda que se han eternizado en esta capital y que se han convertido en plaga, han tenido como política expulsar de la ciudad a sus habitantes. Esto debido no sólo a su culpa, si no a pésimas políticas federales y desarrolladores inmobiliarios rapaces.

En la ciudad de México no se construye para satisfacer la demanda de vivienda hace años, la oferta se movió a zonas distantes en los colindantes estados de México e Hidalgo o a zonas montañosas de difícil acceso mal comunicadas y con un costo altísimo para desarrollar vías de acceso, sin opciones adecuadas de transporte público. A distancias enormes de los centros de trabajo en la capital, enormes en términos urbanos, enormes en tiempos de traslado, enormes en horas hombre y productividad desperdiciada, enormes en términos de calidad de vida perdida, enormes en el costo para los magros bolsillos de los trabajadores.

En cambio, en el área urbana se desarrollan departamentos de pseudo-lujo muy caros, destinadas a la clase más acomodada —con la que se identifica el gobierno de Izquierda—, quienes se trasladan en auto como primera opción por cierto. Así que tenemos un gobierno de izquierda que favorece a la burguesía y la pequeñoburguesía —recurro estos términos en contraposición a la autodenominación de izquierda del gobierno en curso en varios turnos sucesivos—.

Para la inmensa población flotante con la que cuenta esta ciudad, la bici no es opción, pues los recorridos pueden llegar a ser de 60km como el caso de un buen amigo, que viaja diario desde Huehuetoca, donde le asignaron su crédito inmobiliario, al sur de de la ciudad. En la casi totalidad las vías de acceso a la ciudad son inapropiadas para circular en bicicleta. Estamos hablando de carreteras, autopistas y vías rápidas peligrosas y vetadas para el ciclismo, como son las entradas de Santa Fe hacia Reforma y Constituyentes, la propia Constituyentes en casi toda su longitud, la autopista de Querétaro, la autopista de Pachuca, la entrada por la autopista de Puebla. Además, en las vías de acceso a la ciudad están saturadas de transporte público que representa un peligro tremendo para el ciclista.

Así que, si esta ciudad quiere reconvertirse en ciclista, lo primero es repoblarla, convertir de nuevo la población flotante en habitantes que vivan cerca de sus trabajos. Mientras tanto el gobierno de izquierda equipa con bicis públicas las colonias pequebú y olvida las populares, esas con cabronadas.

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